[Análisis] La campaña electoral 2020 en Estados Unidos y sus lecciones para Uruguay

Publicado el 18th octubre 2020 - Última Edición: octubre 18, 2020

Una reciente investigación del New York Post, una de las principales publicaciones periodísticas estadounidenses, fue censurada por la red social Twitter. La plataforma impidió compartir el enlace a la nota primero y luego interpuso un mensaje alegando que la información sería «fake news», además de bloquear temporalmente la cuenta del periódico. Vandalismo y saqueos marcan una campaña electoral sucia en EEUU que augura un futuro turbulento para la democracia alrededor del mundo.

Una campaña sucia

La campaña estadounidense se está mostrando como una de las más genuinas, pero también de las más sucias de los últimos años. Especialmente el Partido Demócrata, cada vez más inclinado a la izquierda, con el grueso de los medios tradicionales y las redes sociales como aliados, se ha visto implicado en actividades que ponen en riesgo la democracia misma de la potencia hegemónica.

Desde la derrota en el 2016, el Partido Demócrata, que creía su victoria asegurada ha dejado progresivamente de lado los escrúpulos para hacerse nuevamente con el poder.

Conspiración descubierta

Una investigación parlamentaria que originalmente apuntaba a una intervención del gobierno ruso para apoyar a Trump, terminó no solo no arrojando ninguna evidencia en respaldo de tales acusaciones, sino que abrió la puerta a una investigación que ha descubierto una conspiración entre el gobierno demócrata anterior y oficiales de las principales agencias de inteligencia para incriminar a Donald Trump. Estas revelaciones podrían acarrear el procesamiento de varios altos oficiales del gobierno de Barack Obama.

Disturbios raciales organizados

Por otro lado, los disturbios raciales y saqueos «por George Floyd» presentados por gran parte de los medios locales e internacionales como «espontáneos», según el FBI fueron organizados por activistas de izquierda contrarios al gobierno de Trump. Éstos están agrupados principalmente en dos organizaciones: «Black Lives Matter» y «Antifa» la segunda de estas declarada «organización terrorista» por el FBI pero que entre ellas comparten gran cantidad de miembros. Ambas organizaciones tienen presencia y una red de soporte internacional que llega incluso a Uruguay. El saldo de estos disturbios, ha sido decenas de muertos y daños millonarios a la propiedad de personas inocentes.

Impunidad para saqueadores y «fascistas» de izquierda.

En el marco de estos disturbios, que gradualmente pasaron del reclamo por «justicia racial» a la exigencia de «desfinanciar a la policía», cientos de manifestantes fueron arrestados.

Contrario a la percepción generada por la cobertura mediática – que no publica las fotos de los detenidos – en su gran mayoría los arrestados son chicos y chicas «de raza blanca» y de clase media, que exhiben signos de inestabilidad psicológica y de haber sido sujetos de adoctrinamiento neomarxista.

No solo fueron arrestados por vandalismo. El modus operandi de estos «manifestantes pacíficos» como son referidos por la prensa partidaria, involucró: el saqueo de locales comerciales, el amedrentamiento de comensales en restaurantes exigiendo la adopción simbólica de sus consignas, recorrer en bandas, algunas armadas, barrios y suburbios de las ciudades ejerciendo violencia contra partidarios de Trump.

Matrimonio McCloskey se enfrenta a una turba de extremistas de izquierda que pretendían saquear su residencia.

En el marco de una de estas asonadas, el matrimonio McCloskey, retratado en la imagen, vió su casa rodeada de miembros de Black Lives Matter y Antifa, que exigían entrar a su propiedad y disponer de sus efectos. Algunos de estos «manifestantes pacíficos» llegaron a ingresar al jardín de la propiedad, amenazaron de muerte a la pareja, con violar a la mujer, pero enfrentados con la posibilidad de un tiroteo fueron efectivamente repelidos por el matrimonio armado con un rifle y una pistola automática. La pareja se convirtió en un símbolo de la oposición del ciudadano común frente a las turbas de extrema izquierda y su apoyo mediático que lava la imagen de estas organizaciones dedicadas a un acoso político reminiscente de la antesala de la segunda guerra mundial y la revolución francesa, proceso que es considerado como fuente de inspiración por los organizadores, principalmente comunistas.

El control político de las fiscalías y el otorgamiento de impunidad a saqueadores.

Ante una situación de flagrante comisión de delitos, era de esperar que estos «manifestantes» detenidos, enfrentaran cargos. Sin embargo, en múltiples distritos con fiscales demócratas, los detenidos por todo tipo de delitos en el marco de estas protestas, en tanto fueran radicales de izquierda, eran liberados inmediatamente por la fiscalía, algunos de ellos en reiteradas ocasiones [5]. La situación generó que hasta un 70% de los detenidos [6] en los disturbios y saqueos ocurridos en Portland fueran liberados sin consecuencia alguna.

Cabe recordar que en EEUU las fiscalías operan por distrito, y los fiscales son elegidos por votación. Hacen campaña.

Gran parte de estos fiscales de distrito que no presionan cargos contra extremistas y saqueadores, fueron abiertamente financiados por George Soros [1],[2],[3] quien además ha hecho donaciones millonarias a grupos dedicados a la organización del conflicto racial [4].

Lecciones para Uruguay:

Influencia de Soros y los intereses globalistas que representa

La influencia plutocrática global a través de George Soros y sus Open Society Foundations tiene ya una trayectoria marcada en Uruguay. La misma ha estado detrás de la campaña para estatizar el comercio de marihuana [7][8] y oponerse a la reducción de la edad de imputabilidad [9] [10], ambas asociadas en sectores neomarxistas radicales del Frente Amplio.

La actividad de esta red de influencia social global extranjera en el marco de la campaña electoral estadounidense 2020, parece señalar estrechos lazos de coordinación entre estos capitales y grupos extremistas de izquierda una coordinación que se da a nivel global, incluyendo el financiamiento de grupos armados de extrema izquierda [11].

A pesar del financiamiento de extremistas, las Open Society Foundations participan del mainstream de la Política Uruguaya, esponsoreando eventos de «formación» a legisladores en el parlamento, y financiando medios digitales locales [12].

Organizaciones Racistas Negras y la Extrema Izquierda Neomarxista

Desde Uruguay es fácil descartar los conflictos raciales como «algo que pasa en otros países», pero esta actitud tan común delata un desconocimiento de la actividad surrepticia de la izquierda global está realizando en el país.

El racismo negro forma parte de la política identitaria neomarxista, una inversión del fascismo racista tradicional por la que el volk (el pueblo aferrado a la tierra y sus tradiciones) deja de ser el eje estructurador de lealtad, para ser el foco de odio y desprecio de forma análoga a la que la figura de «los judíos» lo fue en el régimen nacional-socialista alemán.

Entorno a este odio compartido se organiza una plétora de colectividades alienables: mujeres (feminismo), minorías sexuales(LGBTQI+), raciales, religiosas, enfermos psiquiátricos, personas obesas, etc. que conforman – al menos en teoría – los «sujetos revolucionarios» que el neomarxismo busca radicalizar mediante el control del sistema educativo y los medios de comunicación.

La «Teoría Crítica Racial» prohibida en 2020 por el gobierno de EEUU [13], es el capítulo racial de la Teoría Crítica, pilar fundamental del pensamiento neomarxista y del programa de todas las carreras de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR.

El contenido de esta teoría neomarxista es análogo al de la teoría feminista. Éste afirma y se esfuerza por fundamentar que todas las dificultades que debe enfrentar la mujer son causadas por los hombres y el patriarcado, mientras la Teoría Crítica Racial afirma y se esfuerza por fundamentar que todas las dificultades que enfrentan las personas negras son causadas por las personas blancas y la «blancura» (whiteness en inglés).

Otro semillero de organización racial se encuentra en agrupaciones relacionadas a prácticas religiosas «afro-umbandistas» que a pesar de la retórica «laicista» dominante en el país, fueron promovidas por gran parte del sistema político en los últimos años. La presidente (y fundadora) de la «Institución Federada Afroumbandista», Susana Andrade, se atribuye la representación de los practicantes de estos cultos, lo cual es avalado por los medios que la consulta y citan como representante válida de los feligreses. Andrade ha mostrado en varias ocasiones una tendencia a conflagrar las prácticas religiosas con la identidad racial negra y utilizar las acusaciones de «racismo» y «discriminación» [14] para acallar críticas. Susana Andrade es fue Diputada del Frente Amplio por el sector de Raúl Sendic. Fuentes cercanas al sector alegan que militantes que acompañaron a la líder afro-umbandista, profesan creencias de supremacismo negro.

En Uruguay el racismo negro está lejos de ser el estadounidense, pero la infraestructura está montada para su crecimiento: Soporte académico, mediático, financiamiento internacional

Censura en las Redes Sociales

Otro vector importante de influencia electoral extranjera se da mediante la censura de las redes sociales. Sitios Web y Aplicaciones utilizados extensivamente por partidos y figuras políticas como ser Facebook, Whatsapp, Twitter, Instagram, TikTok, Google, etc. han demostrado ser utilizados para influenciar resultados electorales.

Mucho polvo han levantado los medios tradicionales entorno al nebuloso concepto de las «fake news» o «noticias falsas». Si bien la generación de percepciones equivocadas mediante la circulación de rumores en las redes es posible, la creencia de que no se difunde información falsa desde las principales corporaciones mediáticas con el mismo objetivo de influenciar el resultado electoral es ingenuidad. Las corporaciones mediáticas intentan infructuosamente utilizar el concepto de Fake News para contener el colapso de su oligopolio de generación de noticias e influencia sobre la opinión pública.

Ante el colapso de la capacidad de los medios tradicionales para controlar la opinión pública, las redes sociales emergen como una alternativa viable de re-disciplinamiento de masas mediante nuevas formas de censura:

El Baneo, la eliminación completa de cuentas y usuarios.

La Remoción de contenido, la eliminación de publicaciones.

El Shadowbanning, reducción surrepticia del alcance de las publicaciones de los usuarios censurados, por el que aunque el usuario censurado no es notificado sus publicaciones llegan a una menor cantidad de personas que lo que llegarían a cualquier otro usuario.

El Labelling, etiquetado de contenidos censurados como «potencialmente ofensivos», «no-verificados», «contiene noticias falsas», etc. con el objetivo de reducir la credibilidad del contenido censurado.

En resumen:

Como conclusión resulta evidente que existen fuertes y notorias influencias extranjeras en los procesos electorales tanto de las grandes potencias como Estados Unidos, como en pequeños países como Uruguay. Grandes corporaciones políticas globales mueven cifras millonarias para influenciar el resultado de los comicios y la implementación de políticas que la ciudadanía no reclama, generando la suspensión del estado de derecho y la normalización de la violencia política en el proceso. La voluntad esclarecida del ciudadano, en la que se sostiene la legitimidad de los sistemas democráticos, necesita un acceso libre a la información y una libertad de pensamiento que cada vez se ven más amenazadas por este proceso de integración política y financiera.

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