Ideología de Género – El conflicto de “Todos contra Todes”

Conchita Wurst

Una nueva manera de dividir y enfrentar a la sociedad.

Más allá de leyes y resultados sobre referéndums puntuales, consideramos importante el replanteo del marco teórico en el que se desarrollan estos debates y sus posibles consecuencias sociales e históricas, por aquello de no enfocarnos en el árbol sino en el monte.

Nos parece oportuno entonces, observar otras realidades similares a nuestra idiosincrasia como el caso de Argentina y España, donde también se desenvuelve esta ideología; aunque quizás las mayores consecuencias se puedan observar en países como Suecia, donde los partidos “progresistas” quieren incluso legislar la forma de orinar de los hombres por razones de equidad.

Pero volvamos a nuestra región y veamos lo que nos dice uno de los opositores a esta ideología, el abogado argentino Jorge Scala, en una entrevista a “Zenit” sobre su libro “La ideología de género como herramienta de poder”. El Dr. Scala explica en primer lugar que sería necesario trazar una diferencia entre lo que significa una teoría, a lo que es para él una ideología como tal. La teoría dice este autor, es una hipótesis verificada experimentalmente, en cambio “una ideología, es simplemente un conjunto de ideas cerrado que parte de un presupuesto indemostrable o falso, que debe imponerse entonces evitando todo análisis racional”.

Siguiendo esta definición, parece sorprendente que en pleno siglo XXI nos estemos planteando un enfrentamiento entre una ideología como la de género y el saber científico de la biología, la medicina, la anatomía y la endocrinología, entre otras disciplinas. Sin embargo, dadas estas premisas, creemos que es importante llegar hasta las últimas consecuencias lógicas de las mismas, para poder evaluarlas.

Para ilustrar nuestra hipótesis, partamos del mismo supuesto de la “autopercepción”, que es el pilar fundamental de la ideología de género, pero apliquémoslo ahora a otras variables distintas al sexo, como de hecho hacen los colectivos más radicales que llegan a los “trans especies” o los “otherkin”, que se auto perciben como seres extraterrestres o fantásticos.

Aunque sin ir tan lejos, supongamos ahora que decidimos que el mundo se rija por nuestras “autopercepciones” solamente para las variables poblacionales y que puedo auto percibirme no solamente de otro sexo, sino de otra edad o raza y veamos sus consecuencias. ¿Qué sucedería por ejemplo si me auto percibo como un niño de cuatro años pero cometo algún delito? ¿Qué implicancia tendría que no me hiciera cargo de mis hijos porque me considero discapacitado? ¿Qué pasaría si me siento de otra raza y hago uso de las “cuotas raciales” para entrar en un determinado trabajo? ¿Qué acontecería si siendo hombre de 65 años, decido jubilarme porque a esa edad me auto percibo como mujer? Y la lista seguiría de forma infinita, según la imaginación de cada uno en cuanto a sus “auto percepciones” produciendo consecuencias graves para el orden y el equilibrio social, especialmente a nivel jurídico.

Sin embargo, no parece justo que la “autopercepción” valga solamente para el sexo y no para otras variables poblacionales, que son igualmente pasibles de discriminación, como la raza, la discapacidad o la edad, a modo de ejemplo.

Pero entonces ¿Por qué es aceptable la “auto percepción” solamente para el sexo en esta ideología de género, al menos hasta el momento a nivel legal? ¿Qué hay detrás realmente de todo esto?

Según el Dr. Benigno Blanco, presidente durante años del Foro de la Familia en España, en una conferencia específica sobre el tema, concluye que existe un verdadero plan de parte de la mayoría de los organismos internacionales para disminuir la población mundial, dado que los recursos del planeta son finitos y la ideología de género parece ser el “mejor anticonceptivo”, además de ser un gran negocio para las farmacéuticas y las grandes corporaciones.

La propuesta sería, que especialmente las mujeres ya no quieran casarse ni tener hijos y que el individualismo, la homosexualidad y la transexualidad (causa frecuente de infertilidad) sean exaltadas en su máxima expresión, para evitar de este modo tener descendencia. 

Por su parte, los politólogos argentinos Agustín Lage y Nicolás Márquez, en su obra “El libro negro de la nueva izquierda” sostienen en cambio, que la razón última de la ideología de género es propiciar un nuevo enfrentamiento y fractura de la sociedad, pues el marxismo cultural y el control autocrático que supone, subsiste únicamente gracias a la dialéctica hegeliana de tesis, antítesis y síntesis. 

Sin embargo, acabada la tesis y antítesis sobre la lucha de clases del marxismo clásico, en un siglo en el que en la mayoría de los países tiende hacia la clase media, se buscaron nuevas estrategias para reavivar el necesario conflicto, a través de contenidos emocionales igualmente poderosos, como para llamar al activismo y la lucha social. De allí el haber tomado al sexo como factor de auto percepción discriminatorio por excelencia, ya que junto con el dinero y el poder, son los tres mayores motivadores de conflicto para el ser humano. 

Esta estrategia de tomar al sexo como pilar fundamental de esta ideología, habría sido creada y recogida por numerosos foros, clubes y convenciones, donde se reúnen quienes quieren controlar el mundo, derivando en políticas internacionales y regionales más allá de su orientación política, a las que nuestro país obedientemente suscribiría. ¿Tiene sentido?

Sigamos un poco más en este análisis para observar ahora qué sucedería con quienes se opusieran a este nuevo sistema ideológico, para ver si coincide de algún modo con nuestra realidad. Según estos autores, para los detractores de esta ideología se generaría un nuevo tipo de “anomia”, haciéndoles sentir que sus propias creencias y sentimientos son inadecuados, retrógrados y ofensivos, instaurando la autocensura y una verdadera “caza de brujas” en contra de quienes vayan contra lo “políticamente correcto”.

Comenzaría así la paranoia social, en la que todos desconfiaríamos de todos, pues no sabemos quién será el próximo inculpado ni por quién, por disentir con este paradigma ideológico, que tiene consecuencias legales, sociales y económicas, cada vez más graves para los hallados “culpables”. ¿Les resulta conocido?

Como sabemos, la humanidad ha sufrido a lo largo de la historia, varias épocas oscuras entre aquellos que sostenían una “verdad revelada” y quienes osaban siquiera pensar diferente a la misma, tanto a nivel religioso como político. Sin embargo, en el siglo XXI parecería que no se trata solamente de un pensamiento dogmático de una sola variable, sino más bien de un cúmulo de conceptos políticos, sociales, religiosos, culturales, estéticos y también psicológicos, que conforman un marco obligatorio a favor del subjetivismo de algunos, con la diferencia de que gracias a la tecnología, las posibilidades de control y autocensura son mucho mayores.

Parecería pues, que nos estamos enfrentando a un nuevo “oscurantismo”, contra un tipo de poder de alcance global que aún nos cuesta definir, pero que por sobre todas las cosas nos cuesta enfrentar, ya que el mismo sistema impide nuestra organización como resistencia, instaurando el conflicto del “todos contra todes”, del cual simplemente por ser como somos y expresar lo que sentimos o pensamos, no podemos evitar participar.

¿Estaremos condenados nuevamente al “corsi e ricorsi” de la historia?

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